domingo, 25 de octubre de 2015

Lost in hollywood

Frío, desgana de todo menos de ti. Azul, manos dulces y fuertes. Tu pared y tu desnudo. Ordenador, música (alrededor). Horas. Tu perfume en mi piel, mi ropa en tu suelo. Sentirnos solos juntos.
Ojalá tu. Ojalá ahora.

jueves, 9 de abril de 2015

10

Hoy paso de retórica,
Solo necesito un papel y un boli por donde lar rienda suelta a mi frustración, mi cansancio y mis demonios. Esos que también son míos. Que son yo.
Que tomen ya el control y me lleven al límite donde todo me da igual, donde cualquier lado de la cuchilla es una buena opción y donde no me duelas más que mi propia enfermedad.  Casi parece atractivo dejarme llevar. Una pena ser yo.
Que te maten, te lloren, te entierren y te echen de menos. Que se encarguen de mi mientras tanto, y que vuelvan a mi noche tras noche, a darme las buenas noches con sus labios rojos afilados. Con sus ojos grises como los tuyos, con su ironía a prueba de balas y la media sonrisa en la cara. Las caras. Que quieren ser yo.
Que quieren matarme como me mataste. Que quieren verme llorar, Que verán cómo me arranco sus cuerdas.
Como acabas conmigo.
Como haces que te ame.


martes, 3 de junio de 2014

3/6

Hoy he recordado porqué me enamoré de ti, y ha sido bonito.
Es curiosa la velocidad con la que olvidamos las cosas importantes.

sábado, 31 de mayo de 2014

Urgencias

 “No te hagas líos. Nada importa demasiado si la salud no está. Si crees que tu vida no pasa por su mejor momento, si te crees con derecho a enfadarte, frustrarte o deprimirte, date una vueltecita por cualquier uci. Allí donde urge lo importante e importa lo urgente. Allí donde el día y la noche los marca cualquier cosa menos la salida y puesta del sol. Es un paseo, seguro que tienes alguna cerca. Yo tengo una justo al lado de casa. Vas, visitas a las familias que allí se encuentran, y hablas con ellas. Que te cuenten su drama, lo que están viviendo y lo que darían por dejar de vivirlo. Y luego me cuentas.
Nos creemos importantes hasta que algo o alguien nos manda a un hospital. Igualador de vanidades, antesala de nuestro principio y de nuestro fin. El hotel de los dolores mudos. La residencia del gemido que nadie quiere escuchar. Si te crees con derecho a estar mal es porque no lo has estado de verdad. Si nunca has pasado una noche en urgencias, aún no sabes lo que es sufrir.
Siempre he pensado que el amor de tu vida se esconde tras la salud, y no se le ve hasta que ésta se quita de en medio. Tu media naranja jamás será la que exprimas sobre el catre de la pasión y el desenfreno. De esas encontrarás muchas, o al menos eso espero, por tu propio bien. Pero la mujer o el hombre de tu vida será sólo aquél o aquélla a quien le digas un día «llévame al hospital». Todo lo demás, se puede pagar. Visto así, igual deberíamos casarnos todos con putas o con taxistas. O igual es que todos somos un poco putas y un poco taxistas, también.
No te hagas líos. Cuando dejamos de ser estupendos estamos más cerca de los que estaban tan cerca que ni los veíamos, y aleja a los que ya estaban lejos, pero los creíamos ver. La enfermedad grave, un gran detector de mentiras que encima suele llegar demasiado tarde, o demasiado pronto.
Así es la salud, ese bien de preciada ausencia, pues sólo se valora cuando ya se perdió.
Y es que somos lo que cuidamos. La debilidad de un cuerpo que necesita otro para subsistir cuantifica la dependencia de nuestro prójimo, pero también nuestro nivel de civilización. Porque son justamente los débiles los que miden nuestro grado de fortaleza. Porque son los que se hacen pequeños los que nos pueden hacer sentir grandes. Cómo tratamos a los dependientes. A los ancianos. A los enfermos. A los niños. Cuanto mejor los cuidemos, más lejos estaremos de la barbarie y la sinrazón.
Por eso me parece impresentable que algunos se empeñen en convertir la cuestión sanitaria o de la dependencia en un problema de cartera.
“No te hagas líos. No es una política más. Es la única política que siempre debería existir, incluso a falta de todo el dinero del mundo, así tuviéramos que prescindir de todo lo demás. Pero la sanidad no. La sanidad es innegociable. Para éste y para todos los gobiernos que vengan. Oiga, la vida está por encima de usted y de sus cuatro míseros años de mandato. Si no hay vida, no hay nada. Así que métase los recortes entre su culo y el cuero de su coche oficial. Pero la sanidad ni tocarla. Que si nos morimos por un recorte, entonces ya no nos morimos, sino que usted nos está matando. Y habrá que juzgarlo como lo que usted es. Un genocida.
No admito que me vengan con eufemismos. Privatizar la gestión significa echar gente a la calle. Y así nos luce el pelo. Ciudades inundadas de mareas blancas que desean trabajar mientras sus centros de salud acumulan listas de espera con pacientes que no pueden permitirse el lujo de convertirse en clientes. Recortes descarnados que acaban blandiendo hachas donde deberían usar bisturí. Y mira que te lo dice un orgulloso hijo de médico de centro público. Y aun así, resignado cliente de la privada.
En la antigua China, los médicos cobraban sus honorarios sólo mientras la población estuviese sana, y dejaban de cobrar en cuanto ésta enfermaba o sufría algún tipo de epidemia. Creo que deberíamos empezar a aplicarlo con los políticos. Descontarles de su sueldo todos y cada uno de los días que los pacientes de este país pasan esperando a que alguien les cure.
De ese modo, la cuestión de la sanidad pública no ganaría en simplicidad.

Pero sí en urgencia.”

Artículo publicado el domingo,  24 de Noviembre de 2013 en ElPeriódico.com

viernes, 23 de mayo de 2014

Vuelta

Ya no sé ni cuánto que llevo sin publicar.
Una pequeña eternidad que, extrañamente, nos une un poquito más a ti y a mi, improbable lector. Durante este tiempo tengo que decirte que te extrañé tanto que dolía, que reí, que lloré, cambió todo tanto que parecía ser igual y que llegué a confundir una pausa con un punto y final.
Pese a todo, estamos aquí los dos. Yo escribiendo y tú recordándome. ¿No te parece dulce?
Tengo que contarte tantas cosas que ninguna me parece importante, así que prefiero dejarlo para después (o para olvidar directamente). Enfermé, viajé, aprendí poco y olvidé mucho, cumplí algún que otro sueño y al final volví. No me parece relevante nada más que pueda contarte sin antes entrar en calor. Supongo que poco a poco, iré subiendo cada una de estas partes y de otras, volveré a suministrarte de esas "cosicas varias" que te hicieron leerme por primera vez (y si es el caso) quedarte conmigo.
No me queda mucho más que agradecerte seguir por aquí, lanzar un beso a tu pantalla, y prometer que volveremos a [re]leernos.
Cheers!

viernes, 6 de diciembre de 2013

En nuestro intento enfermizo

"Es lo malo que tiene cuanto nos sucede y no es registrado, o aún peor, ni siquiera sabido ni visto ni oído, porque luego no hay forma de recuperarlo. El día que no estuvimos juntos ya no habremos estado juntos, o lo que se nos iba a decir por teléfono cuando nos llamaron y no respondimos no será nunca dicho, no lo mismo ni con el mismo espíritu; y todo será levemente distinto o del todo distinto por nuestra falta de atrevimiento que nos disuadió de hablaros. Pero incluso si aquel día estuvimos juntos, o estábamos en casa cuando nos telefonearon, o nos atrevimos a hablaros venciendo el temor y olvidando el riesgo, aun así nada de ello se volverá a repetir, y por consiguiente llegará un momento en el que haber estado juntos será como no haberlo estado, y haber descolgado el teléfono como no haberlo hecho, y habernos atrevido a hablaros como haber callado. Hasta las cosas más imborrables tienen una duración, como las que no dejan huella o ni siquiera suceden, y si estamos prevenidos y las anotamos o las grabamos o las filmamos, y nos llenamos de recordatorios e incluso tratamos de sustituir lo ocurrido por la mera constancia y registro y archivo de que ocurrió, de modo que lo que en verdad ocurra desde el principio sea nuestra anotación o nuestra grabación o nuestra filmación, sólo eso; aun en ese perfeccionamiento infinito de la repetición habremos perdido el tiempo en que las cosas acontecieron de veras (aunque sea el tiempo de la anotación); y mientras tratamos de revivirlo o reproducirlo y hacerlo volver e impedir que sea pasado, otro tiempo distinto estará aconteciendo, y en ese, sin duda, no estaremos juntos ni cogeremos ningún teléfono ni nos atreveremos a nada ni podremos evitar ningún crimen ni ninguna muerte (aunque tampoco lo cometeremos ni las causaremos), porque lo estaremos dejando pasar de lado como si no fuera nuestro en nuestro intento enfermizo de que no termine y regrese lo que ya pasó.
Así, lo que vemos y oímos acaba por asemejarse y aun igualarse con lo que no vimos ni oímos, es sólo cuestión de tiempo, o de que desaparezcamos.

Y a pesar de todo no podemos dejar de encaminar nuestras vidas hacia el oír y el ver y el presenciar y el saber, con el convencimiento de que esas vidas nuestras dependen de estar juntos un día o responder a una llamada, o de atrevernos, o de cometer un crimen o causar una muerte y saber que fue así. A veces tengo la sensación de que nada de lo que sucede sucede, porque nada sucede sin interrupción, nada perdura ni persevera ni se recuerda incesantemente, y hasta la más monótona y rutinaria de las existencias se va anulando y negando a sí misma en su aparente repetición hasta que nada es nada ni nadie es nadie que fueran antes, y la débil rueda del mundo es empujada por desmemoriados que oyen y ven y saben lo que no se dice ni tiene lugar ni es cognoscible ni comprobable. Lo que se da es idéntico a lo que no se da, lo que descartamos o dejamos pasar idéntico a lo que no probamos, y sin embargo nos va la vida y se nos va la vida en escoger y rechazar y seleccionar, en trazar una línea que separe esas cosas que son idénticas y haga de nuestra historia una historia única que recordemos y pueda contarse. Volcamos toda nuestra inteligencia y nuestros sentidos y nuestro afán en la tarea de discernir lo que será nivelado, o ya lo está, y por eso estamos llenos de arrepentimientos y de ocasiones perdidas, de confirmaciones y reafirmaciones y ocasiones aprovechadas, cuando lo cierto es que nada se afirma y todo se va perdiendo. O acaso es que nunca hubo nada."


[fragmento de Corazón tan blanco, de Javier Marías]

Suturas.

Dice tu mirada todo lo que callas.
Dice otro verano triste surcando
tus mejillas arrasadas. Preciosa
en tus ojeras bañadas de luz azul
frente a la máquina expendedora de quirófano.
Y que nunca seas. Y.

Desconvocas a la mañana
en tu sonrisa rota de extintor caducado,
de azulejo y fluorescente y ascensor cerrándose.
De qué huyes. Al pasado.
De qué te escondes aquí dentro.
Suturada al olor a lejía y orina de estos pasillos
que es el dolor perforado del miedo a otra muerte.
Y ojalá que nunca me seas, porque.
Ojalá nunca.

El dolor
y la memoria, empujándonos hacia el abismo
del otro. Atándonos en lo invisible.
Prendiéndonos de futuro las heridas
fuego. Suena
el busca y no me encuentro.
Juegas. Muero.
"Lo imposible es imposible.
Menos tú."
Justo aquí.
En este momento.
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